El Latido del Agua
Una Incursión Nocturna por el Albaycín Eterno
Hay una Granada que no se ve a simple vista, pero que se escucha y se siente en el frescor de sus piedras.
Es la Granada que ha sobrevivido a los siglos gracias a una red invisible de vida: sus aljibes.
Como vocal de cultura, ha sido un honor absoluto preparar y compartir con vosotros los pasados días 11 y 12 de junio una experiencia emocionante, cercana y entrañable.
Cuando el sol comenzaba a dar paso a la complicidad de la noche granadina, nos sumergimos en la memoria andalusí de nuestro barrio más emblemático, viviendo de verdad “una tarde diferente en nuestra propia ciudad”.
Nuestro viaje al laberinto de piedra y agua, el punto de partida no podía ser más evocador: la emblemática Plaza de la Puerta de Elvira, la antigua entrada principal de la Granada islámica.
Allí, arropado por la ilusión de ver cómo se llenaban por completo ambas convocatorias con nuestros socios y amigos, tuve el placer de daros la bienvenida en nombre de la junta directiva.
“El agua tiene una memoria milenaria, en el Albaycín esa memoria reposa silenciosa bajo el empedrado, esperando a ser escuchada”.
Y os aseguro que supimos escucharla.
De la mano experta de nuestro magnífico guía, Agustín Gil, nos adentramos en el laberinto de callejuelas.
Gota a gota, fuimos siguiendo el rastro líquido de estas singulares cisternas del siglo XI; un auténtico milagro de ingeniería que permitió que la población se asentara en la colina de este barrio, hoy merecidamente Patrimonio de la Humanidad.
Agustín nos ayudó a comprender a la perfección el sistema de captación y reparto del agua que dio origen, vida y misterio al Albaycín.
Nos descubrió un patrimonio vivo de aljibes históricos, Iberos, Romanos, Musulmanes y Cristianos que funcionaron hasta mediados del siglo XX, algunos monumentales y públicos, y otros celosamente resguardados dentro de casas privadas.
Además, nos hizo viajar en el tiempo al recordarnos que estos lugares eran auténticos mentideros, los puntos neurálgicos donde las mujeres del barrio socializaban y compartían los chascarrillos del día a día mientras llenaban sus cántaros.
La noche avanzaba y los asistentes, entregados y participativos, disfrutaban de la pasión que Agustín ponía en cada explicación.
Al caer la tarde en el Albaycín, cuando el sol se esconde tras la Alhambra y el murmullo del agua empieza a imponerse al ruido de la ciudad moderna, Granada recupera una de sus voces más antiguas.
No es un sonido claro: es un golpeteo leve, un eco en una tinaja, el crujido inexplicable de una madera vieja. Los granadinos de antes no dudaban en identificarlo: «Es el Martinico», decían.
Agustín nos introdujo de lleno en la leyenda del Duende de los Martinicos, una criatura profundamente vinculada al paisaje urbano y al sistema del agua de Granada.
Lejos de ser un simple cuento infantil, este duendecillo ha sido durante siglos el guardián invisible de una ciudad que aprendió a explicar lo cotidiano mediante lo sobrenatural.
El misterio se volvió más palpable y sobrecogedor cuando él nos leyó el fragmento de una crónica real y trágica: la historia de aquel hombre que se suicidó lanzándose al Aljibe de las Tomasas, dejando únicamente su sombrero sobre el poyo de la cisterna.
Tras días de angustiosa búsqueda, finalmente apareció ahogado en el fondo, con su capa trágicamente envuelta.
Tampoco faltó en nuestro recorrido la célebre leyenda del Aljibe de la Vieja, que evoca la Granada antigua de telares.
Entre el murmullo de los arboles y la luz titilante de las farolas, revivimos la historia de María Tomillo, aquella mujer de semblante austero y avaricia desmesurada que, según dicen, invocó al diablo para proteger los frutos dorados de su gigantesca higuera....
Escuchábamos con el corazón en un puño el relato, ya que el alma en pena de Maria sale entre las sombras, los domingos por la noche y no los viernes.
Resonando en las paredes de nuestra imaginación, recordándonos que en el Albaycín la verdad y la ficción se entrelazan como enredaderas de oro y sombra.
“Un Grito de Esperanza: La Batalla por Nuestro Patrimonio”
Pero la visita no solo miró al pasado; Agustín también nos hizo reflexionar sobre un grave problema actual: la batalla infinita del Albaycín contra las pintadas.
Este problema va mucho más allá de lo estético.
Cada pintada, por pequeña que sea, supone un deterioro directo sobre un bien declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.
Las limpiezas devuelven el blanco a los muros, pero las micropintadas reaparecen casi de inmediato, convirtiendo el barrio en un lienzo rutinario para los visitantes.
Mientras las soluciones tradicionales como más vigilancia, cámaras o sanciones se debaten a nivel político, gana peso la única vía real: la concienciación.
Hay una falta total de conciencia y debemos entender que el Albaycín no es un lienzo, sino un legado vivo.
En ese pulso constante entre la cal y el rotulador, todos debemos implicarnos.
Protejamos entre todos un patrimonio que hemos heredado y que debemos dejar intacto a nuestros hijos.
Un Cierre Lleno de Gratitud
Daban las 11 de la noche y el peso del camino se hacía notar.
Ninguno de los asistentes quería que terminara la visita; todos quedamos absolutamente encantados con Agustín y con todo lo expuesto, por lo que despedirnos nos dio mucho pesar.
Había que regresar a casa, pero lo hacíamos con el corazón encendido y el alma llena.
Han sido dos noches únicas, mágicas e inolvidables
Desde la Junta Directiva, os damos las gracias infinitas por vuestra ASISTENCIA, vuestra magnifica PARTICIPACION y por el inmenso cariño que ponéis en cada actividad que organizamos.
Ahora llega el momento de descansar.
Os deseamos a todos unas fantásticas vacaciones de verano, disfrutad muchísimo y cargad las pilas, que a la vuelta nos volveremos a encontrar con más historias, cultura y momentos compartidos.
¡Con más y mejor si cabe!
Un abrazo enorme de vuestro vocal de cultura de la A.S.F.
JUAN MANUEL